A veces la inspiración no llega para motivar,
sino para ayudarnos a reconocer
dónde estamos parados y qué estamos cargando.
Hay procesos que no hacen ruido,
pero sostienen decisiones, relaciones
y la forma en que caminamos cada día.
La fe no siempre se siente clara ni fuerte.
A veces solo permanece.
Y aprender a quedarnos también es parte del camino.